Aislamiento y sordera

POR EN Psicología auditiva SIN COMENTARIOS , , , , ,

Ludwig van Beethoven, el gran compositor alemán, empezó a notar que se estaba quedando sordo cuando tenía alrededor de 30 años. Es probable que hubiera escrito todas sus sinfonías padeciendo cierto grado de sordera y, desgraciadamente, cuando terminó la que se considera la más grande de todas, la Novena, ya había perdido la totalidad del oído. Al terminar la primera presentación de esta magna composición, en 1824, recibió un estruendoso aplauso que el compositor no pudo oír debido a su ya acusada sordera. Uno de los músicos le hizo que se diera la vuelta y agradeciera la ovación. Al morir, tres años más tarde, llevaba tiempo viviendo como un recluso como consecuencia del aislamiento que le imponía su sordera.

Si Beethoven hubiera vivido en nuestros días, su sordera se hubiera podido corregir fácilmente, con cirugía o bien con unos audífonos.

Beethoven es el ejemplo más representativo de lo mucho que puede cambiar el carácter de una persona por el hecho de padecer un problema de oído y no corregirlo. No es lo mismo nacer sordo, o padecer desde niño una sordera profunda, que adquirir una sordera en la edad adulta, como pasó en su caso.

Si os fijáis, gran parte de los sordomudos, en cuanto a estado anímico, viven la vida con normalidad: son alegres, se cuentan chistes y poseen toda la energía para desarrollar su trabajo, actividad y ocio. Suplen el habla con el lenguaje de las manos, pero se comunican.

Sin embargo, las personas que se han vuelto sordas en la edad adulta, aunque ni siquiera padezcan sordera para todos los sonidos, se vuelven huraños y mal pensados. La dificultad que les conlleva el hecho de compartir charlas con la familia o amigos y no entender palabras o frases, provoca que pierdan el hilo de la conversación, y aunque de cuando en cuando pidan que se les repita lo que se dice, al final rehúsan a ello, sintiéndose impotentes ante la situación. Así, se comprende que las relaciones interpersonales se vayan deteriorando por esta mala comunicación y que el sordo, que además suele admitir no serlo, se vaya hundiendo en un estado de frustración, ansiedad y aislamiento.

Actualmente el problema tiene fácil solución, pero todo depende de los allegados del sordo, pues en general este es incapaz de buscar ayuda.

Mi consejo: habla con el afectado de sordera a solas, no en público, y con toda delicadeza recomiéndale que acuda al otorrinolaringólogo. Si se medicase o su caso no tuviera solución quirúrgica, dile que con audífonos -que son prácticamente invisibles- volverá a ser la persona que siempre fue. Ten en cuenta que la sordera afecta directamente a los sentimientos, por lo tanto trátalo con amor.

Imagen: Wikipedia

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