¡No me chilles, que no soy sordo!

POR EN Psicología auditiva SIN COMENTARIOS , , , , , , , ,

Es curioso como el hecho de ignorar el funcionamiento de las cosas puede afectar de forma grave a la vida social de las personas.

Es anecdótico el caso de las que padecen de sordera de una manera evidente pero que si se les habla en voz demasiado alta o se les chilla nos contestan con la frase: “¡No me chilles que no soy sordo!”. Suelen ser personas mayores que, además no quieren aceptar su sordera, y, claro está, como todo el mundo les habla en voz alta, y ellas mismas ponen la televisión a mayor volumen del habitual sin darse cuenta, no se percatan de la intensidad de su propia sordera, y consecuentemente, no se creen sordas. Pero, si en lugar de hablarles alto, les hablan aún con mayor potencia (o les chillan), les llegan a molestar los oídos, e inmediatamente responden con la frase antes dicha, creando una contradicción al interlocutor, de manera que este piensa que en realidad está hablando con un “sordo de conveniencias”. La respuesta no se hace esperar: -“¿En que quedamos, eres sordo o no? , a un sordo le deben hablar alto, y si a ti te molesta… es que tienes una sordera muy rara, o me tomas el pelo…”. Y esto, lógicamente, ofende al que sufre de mala audición.

Todo tiene una explicación. Efectivamente, hay sordos que si se les habla alto les molesta. Os lo cuento:

En el interior de nuestro oído, en el lugar donde se recibe el sonido, llamado caracol, cóclea o “es cuc de s’orella” en mallorquín, hay una hilera de células dispuesta de una manera muy similar a las teclas de un piano. Efectivamente, al final del caracol están las “teclas” o células que reciben los sonidos graves, y al principio de  este están las que reciben los agudos, y entre ellas están el resto de células que captan todos los sonidos audibles para el ser humano.

Esto es más o menos conocido por la mayoría. Sin embargo lo que se ignora es que justo a lado de esta tira de células, hay otra muy parecida que se encarga de aumentar o amortiguar los sonidos que les llegan a las antedichas células receptoras. Hacen la misma función que un “servo”, y de esta manera modulan los sonidos para que lleguen adecuadamente a la persona y entienda bien las frases que le dicen.

Lógicamente, si el afectado de sordera tiene una zona de células receptoras de sonido en mal estado, se le tendrá que hablar fuerte, pero si además tiene también dañadas las que están al lado mismo de aquellas y que son las que se encargan de amortiguar los sonidos, cuando se les habla demasiado fuerte, les va a molestar e incluso a doler los oídos, pues el mecanismo para amortiguar estos sonidos está demasiado dañado para ellos.

O sea, ¡cuidado con chillar a los sordos!, además de molestarles, les ofende. Es lógico: también son humanos.

Joan Bertran Brotons
Audiólogo protésico de Audioplus

 

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