Oír es barato. Entender, no tanto. ¿Por qué?

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Hacer oír o, mejor dicho, hacer entender una conversación a una persona con problemas auditivos, es mucho más difícil de lo que nadie se imagina. Solo con decirles que hay una carrera universitaria detrás de todo ello… ya se pueden imaginar que fácil no es.
Y esta dificultad no radica sólo en la fabricación de los audífonos, en la que intervienen múltiples equipos interdisciplinares para lograr producirlos; desde médicos especialistas que aportan sus experiencias, audiólogos clínicos, investigadores a todos los niveles, logopedas, audioprotesistas, psicólogos, etc. hasta químicos expertos en materiales de fabricación, fabricantes de circuitos electrónicos, chips y un sinfín de componentes informáticos, pasando por los programadores que, con sus algoritmos aplicados a la acústica logran, junto al resto del equipo, que las personas que padecen de sordera puedan entender conversaciones en ambientes difíciles.

La importancia de la adaptación

La dificultad radica también, muy especialmente, en el proceso de adaptación de los audífonos al paciente. Los audífonos no se adaptan en una visita como quien se compra un reloj, un Smartphone o cualquier complemento para oír música o conectarse a Internet. El cerebro de una persona con problemas auditivos necesita un completo proceso de adaptación. Los primeros sonidos los oirá “raros”, y posteriormente habrá que ir cambiando los algoritmos de los programas de forma completamente personalizada para ir rehabilitándole a escuchar sonidos que no había oído nunca, pues el área cerebral auditiva de cada persona es diferente y puede estar afectada de manera distinta. No se puede hacer todo de una vez.

El porqué de los precios de los buenos audífonos

Todo lo mencionado anteriormente hace evidente que no tiene sentido comprar “gangas” que puedan salir por la TV, o donde sea, y luego… ¿y luego qué? ¿Quién hace todo el proceso de adaptación? Es físicamente imposible hacérselo uno mismo. Uno mismo no se oye como le oyen los demás, ni puede programarse a sí mismo. La subjetividad del sonido percibido nos engañaría. Efectivamente, los audífonos no son lo económicos que todos quisiéramos. Hay mucha gente involucrada en el proceso, se requiere de investigación y de material de calidad para fabricarlos. Como anécdota, solo deciros que la mano del hombre no los puede fabricar, se tienen que construir robots para producirlos. ¿Quién es capaz de hacer una soldadura en un microscópico chip? Para terminar, me gustaría aportar un último dato para que sean conscientes de que todo lo barato sale caro y que no se dejen engañar por falsas promesas publicitarias. El último audífono que se ha creado utiliza un chip que lleva un procesador matemático para controlar, aumentar, amortiguar, localizar, etc. todos los sonidos entrantes y dar los adecuados sonidos salientes a los oídos del afectado de sordera. Este audífono procesa 1.200 millones de operaciones matemáticas por segundo.

Ahora sí que los afectados por cualquier tipo de sordera, ya sea en sonidos agudos o graves, en ambientes ruidosos o difíciles, pueden oír mucho mejor. ¡Está comprobado! Pero siempre será necesaria una adaptación progresiva y personalizada. Nadie es igual.

Joan Bertran, Audiólogo protésico de AUDIOPLUS

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